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miércoles, 17 de junio de 2015

TRABAJO PRACTICO: LÓGICA. Quinto "A" y "B"



La fecha de entrega es el día 2/7/2015

Extraer en forma textual o interpretativa del link
http://www.youtube.com/watch?v=rKOhWwrll7k


1-Cinco proposiciones simples y 5 compuestas
(Fragmento de Tinelli)

2-Pasar las proposiciones respondidas en el punto 1 a su forma típica: “A”, “E,” “I”, “O”

3-Como aparece el lenguaje de tipo informativo, directivo y expresivo en el texto que se adjunta(Video completo)

4Extraer del texto 2 proposiciones conjuntivas,2 disyuntivas (1 y 1) y 2 condicionales(Relato de niño-as apropiado-as)

5-Extraer del texto según la modalidad (una de cada una del relato de niño-as apropiado-as)

6-Formular 1 ejemplo de razonamiento inductivo incompleto, uno de inductivo completo, uno de analógico y uno deductivo(Video completo)

7-Seis falacias diferentes de atingencia y cuatro falacias (diferentes) de ambigüedad(Video completo)

Nota:Espero miren todo el video y les pueda aportar algo nuevo a sus vidas.
Antes respuestas iguales,se anularan los  parciales implicados
El T.P es individual

viernes, 1 de mayo de 2015

Texto a analizar para el Parcial de Lógica .5 "B"


PSICOTERAPIA DEL OPRIMIDO



Alfredo Moffatt


INTRODUCCIÓN

Este libro analiza el tema de la psicoterapia desde la problemática de la injusticia y la opresión social; por un lado, la propuesta  psicoterapéutica del sistema de poder y, por otro y oponiéndose a ésa, presenta una alternativa de terapia desde las modalidades de vida y necesidades de nuestro pueblo, es decir, una psicoterapia que contenga el proyecto de liberación.

Por lo tanto trata de todas las formas y procesos de degradación mental en los manicomios (el tema de la locura) y también las formas de degradación material en los grupos marginados y explotados (el tema de la pobreza).

Para el problema de la locura proponemos una actitud de re- distribución de las ansiedades irracionales, una elaboración de los contenidos terroríficos, depresivos, fantásticos, de nuestra mente y que cada uno de nosotros se haga cargo de sus temores y fantasmas sin depositarlos en chivos emisarios y fabricar con esto “profesionales de la locura” para segregarlos luego, internándolos en manicomios. Además, nuestro criterio de salud mental está relacionado con el rescate de la identidad personal del paciente, negada y degradada en los hospicios, y sabemos que este proceso sólo se puede conseguir con el rescate de la identidad histórica y cultural de nuestro pueblo, también negada y degradada  por la antinomia “civilización europea- barbarie nativa” del sistema de opresión. Esto también hace que el “motor” del cambio terapéutico esté más que todo en la reivindicación de justicia del pueblo marginado y, por lo tanto, solo re interpretando  las técnicas psicoterapéuticas desde las modalidades de vida de nuestro pueblo, sus valores, sus mitos, su folklore, es que se va a poder operar una verdadera cura respecto de nuevos criterios de salud mental e insertado en el proceso de liberación, que es la “terapia” para la otra enfermedad, la pobreza, resultado de la explotación social y la degradación material.

Todo esto que proponemos no es una especulación teórica, lo cual dejaría sin valor todo lo dicho sino que es el resultado de una experiencia hecha hombro a hombro con la parte del pueblo trabajador internada en los hospicios. Este libro intenta trasmitir y organizar el intenso caudal de experiencias vividas por los compañeros de la Comunidad Popular de la Peña “Carlos Gardel” que funciona en el fondo del Hospital Neuropsiquiátrico  Borda y debemos tener en cuenta que el mismo es sólo el comienzo (y no el fin) de un camino nuevo, es un poco el relato de una aventura, del esfuerzo de abrir una brecha en el mismo territorio profesional donde se da el máximo de represión mental del sistema (que se complementa con la escuela, la iglesia, el sistema jurídico, etc.), pues pensamos que en ese mismo lugar de máxima represión mental debería crearse (y pelearse)  el modelo de pensamiento opuesto. Por eso elegimos el manicomio como lugar de lucha por una psicoterapia para la liberación, para que re distribuya la locura como también se debe re distribuir la riqueza.

Una psicoterapia descolonizada que elabore sus modelos teóricos resolviendo la problemática real y concreta del país y no importe con sumiso respeto los modelos de pensamiento que resuelven y se adaptan a lejanos problemas sociales europeos. Acá aclaramos que no proponemos pelear con arcos y flechas, pues nos parece muy eficiente el “armamento” científico europeo- norteamericano (tan eficiente que con él nos sometieron); todo lo contrario, debemos aprender a usarlo bien, sólo que desde la perspectiva opuesta, esto es desde y con el pueblo.

Para esto es necesaria la inversión de la relación teoría- práctica, pues consideramos que solo luego de una praxis es posible establecer una teoría. Si, por ejemplo, las teorías sobre el Complejo de Edipo de Freud explican las relaciones familiares en la Villa Miseria, la usaremos y si, por el contrario, comprobamos que la estructura matriarcal lo vuelve inútil buscaremos otra. Esta inversión del orden entre la teoría y práctica va a impedir la principal patología de nuestros grupos intelectuales, que es la teorización sobre la teoría, lo cual crea un mundo cerrado sobre sí mismo y donde nada puede ser realmente demostrado ni negado pues todo llega a ser  un enorme bosque de palabras que impide ver la realidad concreta que lo rodea. Con la teoría puede pasar lo que con los muebles viejos: se acumulan tanto que no nos permiten mover en el cuarto. Y la solución pensamos que es la misma: quedarse con lo necesario y tirar el resto. O también puede suceder (y de hecho así ocurre muchas veces) que se afila tanto el cuchillo que se gasta sin haberlo usado nunca”.

Pensamos que la finalidad de esta modalidad de súper elaboración conceptual que reina en nuestros medios profesionales, es desarrollar un mecanismo de evasión respecto a una realidad social rechazada y temida (valga como ejemplo los infinitos Seminarios lacanianos, althuserianos, etc. sobre Freud y Marx). Son palabras que explican a palabras y en ninguno de los análisis está contenida nuestra realidad concreta. Pero lo más triste y aburrido de este juego es que siempre somos espectadores, serviles alumnos de estrellas lejanas y  nunca protagonistas y creadores de nuestros modelos de interpretación de la realidad. Este juego, aparentemente frívolo, - que además enmascara la verdadera inserción del profesional “revolucionario” en el sistema económico - (el corazón a la izquierda y el bolsillo a la derecha) es grave si pensamos en todos los desposeídos, explotados, reventados y degradados de nuestra tierra, de ese pueblo que viene desde el fondo de nuestra historia y que ahora ha comenzado su marcha; ellos necesitan de una sociología, una psiquiatría, una psicología, una historia, una antropología que les ayude a enfrentar el sistema ideológico de los opresores y que nos dicen desde las villas miserias, las fábricas, los quebrachales, las cárceles y los manicomios, ¿de qué lado están ustedes?... ¿A quienes sirven? ¿A los explotadores... o a nosotros?...

Por eso nosotros decimos... al carajo, con esta ciencia súper abstracta que no nos permite comprender e instrumentar la realidad en que estamos metidos. Replanteemos la sociología, la psicología, y la psiquiatría después de realizar un giro de 180° y en vez de mirar, como sirvientes dependientes, a Europa y al imperialismo yanqui miremos al interior de nuestra tierra y, junto con nuestro pueblo, comencemos a invertir la perspectiva. Franz Fanon demostró que esto es posible y desde el 17 de Octubre de 1945 el pueblo, a través del movimiento peronista, comenzó esta tarea.

En cuanto al contenido del libro, encontramos conveniente dar un panorama general, ya que en cierta manera los capítulos están organizados como una serie eslabonada que converge, al final, en el capítulo de la Comunidad Popular. Cada tema tratado es una pieza necesaria para comprender la experiencia de la Peña y para armar el modelo teórico de Psiquiatría Popular que proponemos.

El primer tema es un minucioso análisis del sistema de mundo que se propone al internado en un hospicio, es el tema de la degradación del sentimiento de identidad. Luego analizamos las ideologías que apuntalan a la ideología psiquiátrica represiva: el Ministerio de Educación, la Iglesia y también la ideología caritativa, la Sociedad de Beneficencia o sea la degradación benévola (en parte esto coincide con el concepto de “Aparatos Ideológicos del Estado” de Althusser).

Pasamos, en el capítulo siguiente, a considerar el sistema ideológico  “civilización y barbarie” que para nosotros es el molde en que la colonización ideológica ha organizado la negación y la represión de la cultura de tierra adentro, de nuestra identidad histórica, y justificado – en su nombre – el genocidio de los indios, gauchos y negros.

Luego, en el capítulo cuarto, describimos el mundo del marginado, del humillado de nuestra patria y entramos, así, a una parte fundamental del libro, que es el análisis de la Cultura Popular, de las propuestas de vida que nos vienen de tierra adentro y de historia atrás: la cultura gaucha como su forma rural y la cultura rea (tanguera) como su forma urbana.

Después se pasa a un análisis de la expresión política popular más importante desde hace 30 años: el peronismo.

Al tema del folklore psicoterapéutico popular, los manosantas, las hermandades y la magia popular, lo desarrollamos extensamente pues es – de hecho – la modalidad psicoterapéutica que utiliza la casi totalidad de nuestro pueblo (24 millones contra unos 500.000 psicoanalizados). En el capítulo siguiente se hace un inventario de las técnicas psicoterapéuticas occidentales que nos permiten una mayor eficiencia operativa.

En el ante último capítulo, luego de presentar los antecedentes de nuestra Comunidad, pasamos a esbozar nuestro esquema ideológico y operativo que nos va a permitir entrar en el último capítulo, donde describimos y analizamos la Comunidad de la peña Carlos Gardel que, como experiencia dinámica, real y concreta, no se agota en las conclusiones a las cuales hasta ahora hemos arribado.

Al final del libro, en carácter de propuestas generales, intentamos extender el modelo de Comunidad Popular, teniendo en cuenta varias experiencias argentinas que se hicieron con un planteo similar y que amplían completamente  los límites de nuestra experiencia en cuanto a comunidad de producción, de labor semanal (el equipo de construcción) y el replanteo de toda la institución, experiencias que testimonian que todo el hospital puede funcionar en sentido de la cura y no de la cronificación (Colonia Federal y Centro Piloto).

También la experiencia que relatamos tiene límites en cuanto a dar modelos populares en el nivel de prevención primaria y tratamiento a niveles neuróticos. Pero pensamos que, de todas maneras, abre un camino y realmente se justificará el libro si sirve como punto de discusión para que, entre todos, comencemos a “dar vuelta la tortilla” en cuanto a atención psiquiátrica del pueblo (lo que también es una contribución a “dar vuelta” la otra “tortilla” que es la más grande y jodida de dar vuelta).

COMUNICACION

La principal característica de la red comunicacional de los hospitales psiquiátricos es que casi no existe. Sólo se emiten mensajes parciales, de los médicos a los pacientes preguntas para el diagnóstico e indicaciones “desde la ciencia” y de los pacientes respuestas mecánicas tratando, al igual que en un interrogatorio policial, de no dar información que pueda servir para aumentar la pena, contestando – como se dice en la cultura carcelaria – “lo más parecido a nada” para no comprometerse (curiosamente es la misma receta que emplean los políticos burgueses en sus discursos públicos electorales). Lo siniestro es que esta actitud naturalmente cautelosa del paciente ante un interrogatorio que, efectivamente, tiene características policiales (como el usual para elaborar el diagnóstico) es interpretada por el profesional como un síntoma de autismo y de rasgos paranoides y así lo consigna en la ficha clínica.

Muy distinta es la capacidad comunicacional del paciente dentro del propio grupo o con gente de confianza; aparece una capacidad de vincularse a nivel emotivo y verbal que no podría sospecharse desde la institución oficial, especialmente cuando se utilizan modalidades de nuestra cultura popular y se establece un verdadero compromiso afectivo.

Volviendo a lo anterior (lo de la paranoia inducida) nos acordamos de una frase muy conocida entre los enfermeros antiguos: “Doctor... el paciente fulano se siente muy perseguido, hagámosle un electro-shock para calmarlo”... Si analizamos este “procedimiento terapéutico” vemos que es casi psicótico, pues para demostrarle al paciente que nadie lo persigue se lo somete a un electro-shock (casi siempre teniéndolo entre varios y estando el internado conciente) que produce una tremenda angustia de muerte en el momento de la pérdida de conciencia. En los casos que “desaparece” el delirio fantaseado es simplemente porque el internado termina teniéndole más terror al electro-shock (y al personal) que a sus antiguos perseguidores internos. Acepta, así, sumisamente, la “realidad cuerda” que le ofrecen (de lo contrario “hay más electro-shock”...).

Este estilo de psicoterapia por el terror es, simplemente, “más tecnificado” que los antiguos métodos de sumergir en agua fría hasta casi la asfixia, pero no menos represivo. La silla eléctrica es siempre un espectáculo más “limpio” que la decapitación o la horca, pero sigue siendo la misma ideología.

Volviendo al tema de la red comunicacional en los hospicios, podemos decir que tenemos que expresar lo mismo que con respecto a otros niveles: se empobrece la información que ingresa al sistema, los estímulos verbales son sólo órdenes, se desconecta la red interna del mundo de afuera. En los “patios de día” de los hospicios de mujeres (Hospital Moyano, Estevez) – los corrales o perreras donde se tienen durante años tiradas a las internadas – no ingresa ningún canal de información de afuera. Es lo que técnicamente se llama  “un sistema cerrado de información”, donde la información acumulada en un principio sólo puede degradarse por falta de intercambio. Luego de algunos años ya nadie puede contarle nada a nadie, no entra ningún estímulo nuevo; como no existen ventanas, ni plantas (es todo cemento) tampoco es posible apreciar el ciclo anual. Sólo la lluvia (a veces) y el sol dando su vuelta les aseguran que todavía no están muertas.

Existe un comportamiento patológico que no nos explicábamos y consistía en que en estos patios, una paciente de pronto comienza a gritar y a insultar en voz alta y luego de un tiempo es otra la que lo hace. Ese carácter rotativo, nos hizo pensar en una hipótesis que explicaría este comportamiento desde el punto de vista del concepto de estimulación mínima en teoría de la comunicación y es lo siguiente: el sistema informacional, el nivel de estimulación, llega a ser tan desesperadamente bajo que, de pronto, es necesario producir un estímulo, una variación, cualquiera que ella sea, aunque provenga de la misma red interna y cerrada, y aunque sean gritos e insultos. Entraremos ahora en la principal modalidad comunicacional en los hospicios; nos referimos a la codificación contextual y a la corporal (o gestual). El concepto de mensaje contextual es bastante sutil y difícil de explicar, de comunicar verbalmente. Es un poco como explicar un gesto mímico con palabras, pero aclaramos que el mensaje contextual es aún más concreto y primario todavía que la química, que el gesto, él es mensaje contenido en el campo ambiental.

El contexto situacional sirve para trasmitir información porque modifica algo, califica, termina de definir en todos sus alcances a los otros dos niveles, el verbal y el gestual. Es decir, no tiene el mismo significado final una frase o un cierto gesto corporal cuando la situación, el contexto en que es dicha, es uno o es otro totalmente distinto. llustremos esto para que se comprenda bien : por ejemplo, las frases que se pueden decir en un contexto de intimidad sexual entre dos personas, son difíciles de trasladarlas a una mesa de cumpleaños familiar; el nuevo contexto las haría absurdas e incomprensibles. Así también, una madre que le diga a su hijito “te quiero mucho” mientras lo aleja con la mano y le cierra la puerta, va a contradecir con lo contextual (lo que hace en ese momento) el mensaje verbal de acercamiento “te quiero mucho”. Es el mensaje dado por lo que está pasando “aquí y ahora”.

Existe toda una teoría sobre la génesis de la esquizofrenia basada en la no adecuación sistemática de lo que se dice con lo que se está haciendo o lo que en ese momento está pasando. En Palo Alto (California USA) Gregory Bateson estudió las consecuencias paralizantes cuando se codifica en dos niveles (verbal y contextual) en forma que uno niegue al otro. En el ambiente manicomial, la principal codificación es la contextual; se podría decir que “se habla principalmente con los silencios” porque esos silencios se producen cuando está “hablando” la situación: una puerta que se abre, alguien se agacha o mira por la ventana, sirve un mate, etc. En esto se parece al estilo de conversación en el campo entre criollos, donde cada tanto se dice alguna palabra o frase perdida, pero que está cargada de significación debido a lo que calla y cuando lo calla. Además de  “hablar” con lo que está pasando o, simplemente, moviendo ciertas cosas, también está el “lenguaje mudo” del gesto corporal, del gesto facial (especialmente la mirada, que en estos casos de poca verbalización adquiere una capacidad expresiva extraordinaria). En un grupo de mateada, según como se sienta un componente, está ”hablando” si se ladea, si se recuesta; también si toma despacio, si hace ”sonar la bombilla”, etc. está opinando, está preguntando. Para el hombre de campo (recordemos que una gran proporción de los internados son de origen rural) el mundo circundante es silencioso, se debe guiar por imperceptibles sonidos, por pequeñas señales. Por esto es imposible o, por lo menos muy difícil, para el profesional de clase media, disimular, frente al paciente su verdadera actitud, aunque cuide su mensaje verbal y aclare que tal vez su deseo es ayudarlo y que está muy interesado en eso; va a dar, sin darse cuenta (con su cuerpo, con sus movimientos, etc.) un mensaje contradictorio (que, por otra parte, va a ser el que va a tener en cuenta el verdadero psicólogo, o sea el paciente). Pichón Riviere llama a estas dos partes del mensaje el “qué se dice” (lo verbal) y el “cómo y cuándo” se dice (lo gestual y contextual).

Para terminar este tema diremos que la modalidad comunicacional en el hospital psiquiátrico es expresada a nivel corporal y deI actuar.

Otro estilo de mensaje es el que utiliza la mediación de un grafito: las frases escritas en las paredes (a veces en los lugares más insólitos y con letra minúscula) para que alguien, en algún momento, las lea.

A veces, son mensajes dirigidos al mundo, con el tono de un título de periódico. Otras veces, estos desconocidos periodistas del delirio, llegan a inventar un idioma, con signos especiales que, siempre desde el punto de vista de la gráfica, son muy atrayentes: están dibujadas como si fueran objetos, cosas. Esto se debe a que las palabras, las letras, especialmente en la esquizofrenia, tienen vida en sí mismas, participan de la naturaleza de lo significado. Por ejemplo, la palabra “cuchillo” tiene algo de peligrosa y la palabra “sangre” algo de siniestro. Otra característica particular de esta red demencial de comunicación son los neologismos, las palabras inventadas que, en generaI, son síntesis de frases; una palabra “se mete adentro” de otra, se superponen. Por ejemplo, la palabra “cuchangre” podría ser la síntesis de “cuchillo” y “sangre”. Posiblemente “cuchangre” sea la forma más siniestra de relatar un asesinato pues, como en los sueños, sólo queda lo esencial de todo el proceso.

A través de los años he ido recogiendo, con el respeto de un evangelista, el pensamiento escrito y dicho por estos maestros demenciales, los testimonios de esos mundos interiores, de esos creadores de universos enteros que, por ser inventos de difícil comprensión, son encerrados por los  “normales” para defender un mundo “sensato” en el que la imaginación está castrada en nombre de cuatro o cinco recetas que organizan el mundo del miedo al cambio, del miedo a la creación. Naturalmente, no todo internado en hospicio es un creador de mundos posibles; hay también muchos que frente a la gran angustia de la existencia humana, frente al enorme paredón de la muerte donde se estrella todo, hasta los últimos y más íntimos pedacitos del yo, optan por el mecanismo de defensa más cómodo y seguro que es el estereotipo, el quedarse adherido a cuatro o cinco reglas e impedir todo cambio. Es decir, hay también delirios ”normales”, ”sensatos”, ”estúpidos” que castran toda creación y es así que, para evitar la angustia de la muerte, se declaran ya muertos impidiendo la vida y la imaginación. Son los “locos aburridos” del hospicio.

El psiquiatra suizo Carl J. Jung, discípulo de Sigmund Freud, es tal vez el más importante de los estudiosos del inconsciente como un mundo autónomo, como una parte importante y valiosa de nuestra personalidad. Las otras actitudes respecto a ese gran territorio que queda ”más allá de la razón”, el inconsciente, están demasiado influidas por una mentalidad racionalista, de burguesa ”sensatez comercial”, donde el inconsciente está visto como las fuerzas incontrolables de oscuros instintos que deben ser controlados por el superyo. Incluso Freud está fuertemente influenciado por el planteo netamente adaptativo de la moral victoriana de su entorno cultural: un hogar pequeño-burgués, judío vienés, de principio de siglo, es decir el corazón del “mundo de lo razonable”. Su honestidad y valentía científica fue muy grande en sus libros, pero recordemos que su vida sexual fue tremendamente pobre. Esta tradición freudiana ortodoxa fue recogida hospicio, vamos a completar algunas ideas del psicoanálisis jungiano, que es el único que permite rescatar parte de ese terrible y seductor mundo de la demencia, es decir que nuestro inconsciente, por el cual tenemos, cada noche, un pequeño viaje cuando soñamos. El concepto de salud en Jung está ligado el proceso de individuación, es decir de integración del yo (del self, del “sí mismo”) y él sostiene que esa integración sólo es posible Iuego de un ”descenso al inconsciente” (que se parece a una inmersión en la demencia) y luego de asumir y ser concientes de todo el espectro de nuestra situación en el mundo, especialmente después de la experiencia de enfrentarse con la muerte, con la desintegración. Para Jung las áreas no concientes, en particular lo que él llama el inconsciente colectivo, que son modelos arcaicos de pensamiento (los llama arquetipos), son una parte importante del self y deben ser aceptados y elaborados. Con este planteo, el pensamiento demencial, las modalidades de pensamiento psicótico, no son tan ajenas ni están tan lejanas y, lo que es más importante, son partes de nuestro ser total, de nuestra circunstancia como hombres, y es muy empobrecedor para nuestra personalidad negarlas totalmente y, a veces, peligroso para nuestra salud mental. 

Pasemos ahora a dar una idea sobre el folklore demencial, aunque va a ser muy difícil trasmitir el ”clima psicológico” tan específico en que son dichas, la modulación de la voz, los gestos posturales y, en particular, el contexto ambiental del manicomio. En todo este material que, en general, bordea la poesía y la metafísica, se plantean los problemas últimos de nuestra existencia, de nuestro destino, la muerte, el tiempo, la soledad, el sexo, la locura, etc. Vamos a intentar trasmitirlo en forma de un salpicado de informaciones breves (un estilo un tanto ”esquizofrénico”) : Explicaciones de un internado a un grupo de psicólogos que visitaba el hospital:

”Yo me llamaba Lopecito y una vez me morí; en cambio, a ustedes, todavía les falta morirse”... (y seguía)... ”No hay que hacer llorar los mares con fusiles de manteca”... Otro, un ex-relojero que nos explicaba correctamente la técnica del oficio: ”Y en este libro, están las piezas con que estoy trabajando para inventar un freno para los relojes, porque el tiempo pasa demasiado rápido”...

Texto a utilizar : Parcial de Lógica 5"A"

PSICOTERAPIA DEL OPRIMIDO



Alfredo Moffatt


INTRODUCCIÓN


Este libro analiza el tema de la psicoterapia desde la problemática de la injusticia y la opresión social; por un lado, la propuesta  psicoterapéutica del sistema de poder y, por otro y oponiéndose a ésa, presenta una alternativa de terapia desde las modalidades de vida y necesidades de nuestro pueblo, es decir, una psicoterapia que contenga el proyecto de liberación.

Por lo tanto trata de todas las formas y procesos de degradación mental en los manicomios (el tema de la locura) y también las formas de degradación material en los grupos marginados y explotados (el tema de la pobreza).

Para el problema de la locura proponemos una actitud de re- distribución de las ansiedades irracionales, una elaboración de los contenidos terroríficos, depresivos, fantásticos, de nuestra mente y que cada uno de nosotros se haga cargo de sus temores y fantasmas sin depositarlos en chivos emisarios y fabricar con esto “profesionales de la locura” para segregarlos luego, internándolos en manicomios. Además, nuestro criterio de salud mental está relacionado con el rescate de la identidad personal del paciente, negada y degradada en los hospicios, y sabemos que este proceso sólo se puede conseguir con el rescate de la identidad histórica y cultural de nuestro pueblo, también negada y degradada  por la antinomia “civilización europea- barbarie nativa” del sistema de opresión. Esto también hace que el “motor” del cambio terapéutico esté más que todo en la reivindicación de justicia del pueblo marginado y, por lo tanto, solo re interpretando  las técnicas psicoterapéuticas desde las modalidades de vida de nuestro pueblo, sus valores, sus mitos, su folklore, es que se va a poder operar una verdadera cura respecto de nuevos criterios de salud mental e insertado en el proceso de liberación, que es la “terapia” para la otra enfermedad, la pobreza, resultado de la explotación social y la degradación material.

Todo esto que proponemos no es una especulación teórica, lo cual dejaría sin valor todo lo dicho sino que es el resultado de una experiencia hecha hombro a hombro con la parte del pueblo trabajador internada en los hospicios. Este libro intenta trasmitir y organizar el intenso caudal de experiencias vividas por los compañeros de la Comunidad Popular de la Peña “Carlos Gardel” que funciona en el fondo del Hospital Neuropsiquiátrico  Borda y debemos tener en cuenta que el mismo es sólo el comienzo (y no el fin) de un camino nuevo, es un poco el relato de una aventura, del esfuerzo de abrir una brecha en el mismo territorio profesional donde se da el máximo de represión mental del sistema (que se complementa con la escuela, la iglesia, el sistema jurídico, etc.), pues pensamos que en ese mismo lugar de máxima represión mental debería crearse (y pelearse)  el modelo de pensamiento opuesto. Por eso elegimos el manicomio como lugar de lucha por una psicoterapia para la liberación, para que re distribuya la locura como también se debe re distribuir la riqueza.

Una psicoterapia descolonizada que elabore sus modelos teóricos resolviendo la problemática real y concreta del país y no importe con sumiso respeto los modelos de pensamiento que resuelven y se adaptan a lejanos problemas sociales europeos. Acá aclaramos que no proponemos pelear con arcos y flechas, pues nos parece muy eficiente el “armamento” científico europeo- norteamericano (tan eficiente que con él nos sometieron); todo lo contrario, debemos aprender a usarlo bien, sólo que desde la perspectiva opuesta, esto es desde y con el pueblo.

Para esto es necesaria la inversión de la relación teoría- práctica, pues consideramos que solo luego de una praxis es posible establecer una teoría. Si, por ejemplo, las teorías sobre el Complejo de Edipo de Freud explican las relaciones familiares en la Villa Miseria, la usaremos y si, por el contrario, comprobamos que la estructura matriarcal lo vuelve inútil buscaremos otra. Esta inversión del orden entre la teoría y práctica va a impedir la principal patología de nuestros grupos intelectuales, que es la teorización sobre la teoría, lo cual crea un mundo cerrado sobre sí mismo y donde nada puede ser realmente demostrado ni negado pues todo llega a ser  un enorme bosque de palabras que impide ver la realidad concreta que lo rodea. Con la teoría puede pasar lo que con los muebles viejos: se acumulan tanto que no nos permiten mover en el cuarto. Y la solución pensamos que es la misma: quedarse con lo necesario y tirar el resto. O también puede suceder (y de hecho así ocurre muchas veces) que se afila tanto el cuchillo que se gasta sin haberlo usado nunca”.

Pensamos que la finalidad de esta modalidad de súper elaboración conceptual que reina en nuestros medios profesionales, es desarrollar un mecanismo de evasión respecto a una realidad social rechazada y temida (valga como ejemplo los infinitos Seminarios lacanianos, althuserianos, etc. sobre Freud y Marx). Son palabras que explican a palabras y en ninguno de los análisis está contenida nuestra realidad concreta. Pero lo más triste y aburrido de este juego es que siempre somos espectadores, serviles alumnos de estrellas lejanas y  nunca protagonistas y creadores de nuestros modelos de interpretación de la realidad. Este juego, aparentemente frívolo, - que además enmascara la verdadera inserción del profesional “revolucionario” en el sistema económico - (el corazón a la izquierda y el bolsillo a la derecha) es grave si pensamos en todos los desposeídos, explotados, reventados y degradados de nuestra tierra, de ese pueblo que viene desde el fondo de nuestra historia y que ahora ha comenzado su marcha; ellos necesitan de una sociología, una psiquiatría, una psicología, una historia, una antropología que les ayude a enfrentar el sistema ideológico de los opresores y que nos dicen desde las villas miserias, las fábricas, los quebrachales, las cárceles y los manicomios, ¿de qué lado están ustedes?... ¿A quienes sirven? ¿A los explotadores... o a nosotros?...

Por eso nosotros decimos... al carajo, con esta ciencia súper abstracta que no nos permite comprender e instrumentar la realidad en que estamos metidos. Replanteemos la sociología, la psicología, y la psiquiatría después de realizar un giro de 180° y en vez de mirar, como sirvientes dependientes, a Europa y al imperialismo yanqui miremos al interior de nuestra tierra y, junto con nuestro pueblo, comencemos a invertir la perspectiva. Franz Fanon demostró que esto es posible y desde el 17 de Octubre de 1945 el pueblo, a través del movimiento peronista, comenzó esta tarea.

En cuanto al contenido del libro, encontramos conveniente dar un panorama general, ya que en cierta manera los capítulos están organizados como una serie eslabonada que converge, al final, en el capítulo de la Comunidad Popular. Cada tema tratado es una pieza necesaria para comprender la experiencia de la Peña y para armar el modelo teórico de Psiquiatría Popular que proponemos.

El primer tema es un minucioso análisis del sistema de mundo que se propone al internado en un hospicio, es el tema de la degradación del sentimiento de identidad. Luego analizamos las ideologías que apuntalan a la ideología psiquiátrica represiva: el Ministerio de Educación, la Iglesia y también la ideología caritativa, la Sociedad de Beneficencia o sea la degradación benévola (en parte esto coincide con el concepto de “Aparatos Ideológicos del Estado” de Althusser).

Pasamos, en el capítulo siguiente, a considerar el sistema ideológico  “civilización y barbarie” que para nosotros es el molde en que la colonización ideológica ha organizado la negación y la represión de la cultura de tierra adentro, de nuestra identidad histórica, y justificado – en su nombre – el genocidio de los indios, gauchos y negros.

Luego, en el capítulo cuarto, describimos el mundo del marginado, del humillado de nuestra patria y entramos, así, a una parte fundamental del libro, que es el análisis de la Cultura Popular, de las propuestas de vida que nos vienen de tierra adentro y de historia atrás: la cultura gaucha como su forma rural y la cultura rea (tanguera) como su forma urbana.
Después se pasa a un análisis de la expresión política popular más importante desde hace 30 años: el peronismo.
Al tema del folklore psicoterapéutico popular, los manosantas, las hermandades y la magia popular, lo desarrollamos extensamente pues es – de hecho – la modalidad psicoterapéutica que utiliza la casi totalidad de nuestro pueblo (24 millones contra unos 500.000 psicoanalizados). En el capítulo siguiente se hace un inventario de las técnicas psicoterapéuticas occidentales que nos permiten una mayor eficiencia operativa.
En el ante último capítulo, luego de presentar los antecedentes de nuestra Comunidad, pasamos a esbozar nuestro esquema ideológico y operativo que nos va a permitir entrar en el último capítulo, donde describimos y analizamos la Comunidad de la peña Carlos Gardel que, como experiencia dinámica, real y concreta, no se agota en las conclusiones a las cuales hasta ahora hemos arribado.

Al final del libro, en carácter de propuestas generales, intentamos extender el modelo de Comunidad Popular, teniendo en cuenta varias experiencias argentinas que se hicieron con un planteo similar y que amplían completamente  los límites de nuestra experiencia en cuanto a comunidad de producción, de labor semanal (el equipo de construcción) y el replanteo de toda la institución, experiencias que testimonian que todo el hospital puede funcionar en sentido de la cura y no de la cronificación (Colonia Federal y Centro Piloto).

También la experiencia que relatamos tiene límites en cuanto a dar modelos populares en el nivel de prevención primaria y tratamiento a niveles neuróticos. Pero pensamos que, de todas maneras, abre un camino y realmente se justificará el libro si sirve como punto de discusión para que, entre todos, comencemos a “dar vuelta la tortilla” en cuanto a atención psiquiátrica del pueblo (lo que también es una contribución a “dar vuelta” la otra “tortilla” que es la más grande y jodida de dar vuelta).

Capítulo 1

LOS HOSPICIOS


ESTRUCTURA E IDEOLOGÍA MANICOMIAL

La primera observación que podemos hacer, acerca de la vida en los hospicios, es su enorme y brutal empobrecimiento. En todos los niveles se producen amputaciones, no existe ningún tipo de tarea, el paciente no posee nada sentido como propio, ni siquiera su propia ropa, es un mundo uni-sexual, las salas con las camas en largas hileras no permiten la reconstrucción de grupos primarios. Pero, fundamentalmente, la amputación más dolorosa es la de la dignidad personal, en lo más íntimo del yo el internado se siente descalificado, y cosificado. Cualquier mensaje emitido es re-interpretado por el personal del hospital como  “cosa de loco”, lo cual deteriora el sentimiento de autonomía, de auto-respeto.

 Esto conduce a que la forma adaptativa más común sea el aceptar esta propuesta del medio manicomial y comenzara comportarse “como un loco”, es decir, a cumplir las expectativas de la institución. Debemos agregar que no todas las conductas locas están permitidas, sino sólo aquellas de “loco adaptado”, obediente y respetuoso de enfermeros, diagnósticos y reglas de vida.
 El aburrimiento y el sentimiento de soledad y abandono dan una vida sin proyecto de futuro, pues no es dueño de su porvenir quien no es dueño de sí. Creo que aquí es necesario comenzar a aclarar un estereotipo, un prejuicio colectivo de nuestra sociedad respecto a los hospicios, los manicomios: la idea compartida es que adentro están los que ”perdieron la razón” y se encuentran en otro mundo mental, una especie de pesadilla continua que va desde un nirvana placentero a un terror de pesadilla.

 Pero cuando se entra al hospicio con la expectativa de ver un mundo terrorífico o seductor se sufre una desilusión; la sensación es de estar en una especie de pueblo de linyeras, de gente muy pobre, muy desesperanzada, aislada entre sí, pero de gente que contesta razonablemente a una pregunta, que pide fuego o un cigarrillo, que prepara su matecito y no encontramos al delirante (o por lo menos hay que buscarlo bastante) declamando un discurso, ni tampoco nadie intenta atacarnos. Nos damos cuenta de que la imagen del gorro de Napoleón o del loco furioso con un cuchillo en la mano es la proyección y del temor de la locura de la sociedad de afuera que, además, es la que ”inventó” este ”sistema” de curación.
Con esto no queremos decir que la locura no existe; si existe y, a veces, supera lo imaginable.  Pero en general se produce, luego del brote psicótico, una especie de re-adaptación al  mundo convencional. Sólo que ya es tarde para salir tan rápidamente como se entró, pues a la persona “le cortaron los víveres” desde afuera, perdió el trabajo, lo cual es a veces definitivo en un país con un millón y medio de desocupados. Lo eliminaron mentalmente del grupo familiar y se desconectó de sus amigos, además de tener la marca-estigma del diagnóstico, como si fuera un gran sello en la espalda: “esquizofrénico”. El hospicio es como un pozo profundo en el que se entra rápido pero del que es difícil salir, pues sus paredes son resbalosas, como en la incomprensión o el abandono: “no hay de dónde agarrarse”.

Continuando con lo anterior, diremos que todo esto viene al caso para explicar la distancia entre la fantasía proyectada de la propia locura de la comunidad y la realidad concreta y humana del hospicio. Evidentemente, para una comunidad de ”sanos” es muy cómodo tener un ”tacho de basura psicológico” dónde proyectar las partes locas y sentirse más sanos todos; pero esta solución para resolver las ansiedades psicóticas es muy injusta, pues condena al papel de locos a una parte de su sociedad y, además, no es del todo eficiente pues la locura que se coloca imaginariamente en un hospicio no desaparece de la sociedad y, al negarla, se evita enfrentarla y, tal vez, elaborarla o convertirla en energía creadora.

De todos modos, existe algo espantoso, terrible, loco, en los manicomios, pero en general está mal imaginado su lugar: no es en la mente del paciente sino en las condiciones infrahumanas a que es sometido un ser humano por la institución manicomial por el sólo delito de haber, en algún momento, tenido ideas extrañas y no comprensibles. Especialmente en los hospicios de mujeres (en Buenos Aires, el hospital Moyano, Ex-Neuropsiquiátrico de Mujeres, y el hospital Estévez de Lomas de Zamora)  las condiciones de degradación son tales que puede hablarse de locura, pero no del paciente sino de la institución. Los llamados “patios de día” son verdaderas “perreras” donde las mujeres pasan sus vidas tiradas en el suelo o dando eternas vueltas en un espacio totalmente cerrado y donde en 10 metros por 15 metros se colocan cien pacientes durante cinco, diez, veinte o más años. Yo he estado muchas veces en esos patios y he conversado con esas señoras que hubieran podido, luego de una rehabilitación, vivir en condiciones normales y hasta trabajar y, posiblemente, la indignación que he sentido me ha llevado un poco a toda esta búsqueda y, además, al deseo de compartir con todos la visión dantesca de esas mujeres, algunas jóvenes, que al ser tratada como animales, al final de años se convierten casi en animales.

Este proceso es conceptualizado por la psiquiatría manicomial con una frase científica: "el irreversible proceso de deterioro del esquizofrénico crónico”...  Nosotros hemos probado, a partir de experiencias concretas, que este proceso de deterioro es producto del ”tratamiento” manicomial,  pues con estimulación social y afectiva hemos podido recuperar a estas pacientes a un comportamiento normal demostrando, con experiencias científicas concretas, que las predicciones diagnósticas de la psiquiatría adaptativa-represiva no se cumplen. Pues los supuestos teóricos de sus esquemas conceptuales están basados en prejuicios ideológicos y no en comprobaciones reales. Es decir, nosotros sostenemos que gran parte de la psiquiatría manicomial es ideología y no ciencia y es, en síntesis, la caricatura de todo el sistema ideológico adaptativo-represivo, que es utilizado para que un pequeño grupo oprima y explote económicamente a un pueblo.

Además, la ciencia de nuestros profesionales está totalmente inmersa en moldes de colonización cultural europeo-norteamericanos y al administrar la psicoterapia a nuestro pueblo, simultáneamente le están negando sus expresiones culturales, por las cuales él se reconoce y se asume. Esta descalificación cultural vicia la relación terapeuta-paciente y la convierte en “señor que ordena” a su sirviente que se cure pero no lo rescata en lo que él fue con su pueblo, en sus valores, y en sus mitos, sino que lo cura desde otros valores y pautas, las “cultas” (colonizadas), y lo “descabeza culturalmente”, con lo cual lo despersonaliza, lo psicotiza nuevamente, lo castra, lo convierte en un colonizado, en un oprimido.

Por eso la posibilidad de una psicoterapia criolla está en re- interpretar  los esquemas de terapia europeo-norteamericanos y enriquecerlos o modificarlos o desecharlos, desde las necesidades, costumbres e historia de nuestro pueblo, para lo cual es necesaria una labor de rescate de esa cultura popular que viene de tierra adentro y de atrás en nuestra historia. Para hacer una frase, diríamos que es necesario realizar el puente o la síntesis de “Pancho Sierra con Freud”, porque, si no es así, las técnicas “cultas” nunca van a salir del “ghetto psicoanalítico” de Buenos Aires.

En última instancia es el eterno dilema de toda nuestra historia que está sintetizada en la antinomia  “Civilización y Barbarie” (cultura europea y cultura criolla), Buenos Aires-Interior y que, actualmente, pasa en gran parte por oligarquía-peronismo.

Luego de estas consideraciones generales vamos a volver sobre la descripción que habíamos comenzado de los hospicios en particular. Iremos analizando el tono emocional que condiciona las características particulares en cada una de las áreas o niveles de análisis. Primero el nivel de las circunstancias materiales, físicas: el hábitat (el lugar) y los instrumentos (objetos) utilizados, analizando también el nivel corporal. Luego la red y las formas comunicacionales. Por último, consideraremos  la modalidad del proceso temporal.

domingo, 15 de febrero de 2015

Del Colegio Secundario a la Universidad

Durante el último año de la escuela secundaria es frecuente escuchar la pregunta ¿qué vas a estudiar el año que viene?, o en el mejor de los casos ¿ya sabes lo que vas a hacer el año que viene? 
Este interrogante puede llegar en forma constante de tus padres y profesores, pero también, y no siempre en menor medida, de todos aquellos que te rodean (amigos, hermanos, vecinos, otros familiares) e incluso de personas no tan cercanas a tu entorno cotidiano. Pareciera que la sociedad en su conjunto se atribuye el derecho de cuestionar tus proyectos personales y tu futuro. Y esto es así, indefectiblemente, porque la próxima finalización de los estudios secundarios te ubica en ese lugar: el lugar de quien se acerca al cierre de una etapa, en este caso la “escolar”. Es decir, es sumamente visible para los demás que se avecina un cambio externo: no hay más lugar en la escolaridad obligatoria para vos y por lo tanto todas las miradas parecen centrarse en la formulación de tu “decisión”. 
Esta presión y exigencia social es real, pero tus decisiones pueden seguir otro ritmo, un tiempo interno diferente al esperado por los otros. A veces resulta “tranquilizador” encontrar una respuesta que tenga cierta aceptación, sin importar si te resulta convincente o no. Otros sentirán conveniente anticipar que se tomarán “un año sabático” para postergar su decisión. Pero… ¿por qué un año?, ¿por qué es necesario pautar ese tiempo de elección que, en definitiva, es absolutamente personal? 
Es importante que seas conciente de esta presión social y sepas que es padecida por la mayoría de los estudiantes de 5º o 6º año. Esta situación te revela claramente algo que seguramente ya sabías: es necesario dejar de ser alumno/a secundario, abandonar ese lugar conocido para que esas experiencias se conviertan en recuerdos. Sólo al aceptar el fin de esta etapa será posible empezar a imaginar un lugar diferente, novedoso, desconocido aún, que se irá construyendo lentamente. Muchas veces la angustia que provoca esta despedida (del colegio, los amigos, los profesores, los horarios conocidos, el estilo de las clases, los métodos de estudio, etc) se oculta pero aparece en su lugar una enorme confusión o desgano. Incluso en algunos chicos estos sentimientos se evidencian a través de un muy mal rendimiento escolar el último año, “estirando” así la finalización, inevitable, de esta etapa. 
Para poder elegir que forma irá tomando la carrera de tu vida es necesario empezar a imaginar ese proyecto, y para comenzar a delinear esas fantasías es imprescindible animarse a decir adiós al mundo del secundario. 
1. Asistir a clase y tomar apuntes
En la facultad el presentismo es por materias. Algunos profesores no son tan exigentes con este control si bien generalmente la norma de la universidad es tener entre un 75 u 80% de presentismo. La asistencia a clases es fundamental para seguir las explicaciones del docente, consultar dudas, conocer el criterio de evaluación del profesor, discriminar que temas son prioritarios y cuales accesorios… Asistir a clases no es sólo estar presente sino tomar apuntes: registrar por escrito estas pautas que va dando el profesor. Es útil organizarse para archivar los apuntes de manera prolija, algunos prefieren usar un cuaderno por materia y otros uno sólo pero sacando luego las hojas que guardan en carpetas diferentes. Si faltás a una clase siempre tenés que solicitar los apuntes a un /a compañero/a
2. Apuntes y lecturas obligatorias
Los apuntes de clase son fundamentales pero jamás reemplazan la lectura de los textos obligatorios (y optativos) de la asignatura. El profesor/a irá marcando que lecturas hacer y es necesario hacer tales lecturas antes de la clase, subrayando las ideas centrales y marcando las dudas para consultar. La fuente de estudio son los libros, artículos u otros materiales que se indican en el programa. Los apuntes son un complemento de la bibliografía y no al revés.
3. Tiempo de estudio
Es necesario generar un hábito de estudio diario, es decir, dedicar un mínimo de 2 o 3 horas por día para leer, ordenar los apuntes, realizar resúmenes, hacer ejercicios u otros trabajos específicos solicitados. Esto permitirá tener “todo listo” para comenzar con la preparación para un exámen integrando y relacionando los temas ya aprendidos. La fijación o memorización es el paso final en esta preparación y es necesario para aprender el vocabulario específico, expresarse con fluidez, o aplicar lo ejercitado con seguridad.
4. Evaluaciones y criterios de aprobación
Generalmente en la facultad se evalúa con exámenes “parciales” donde se toma lo visto el 1º cuatrimestre (abril-julio) y el 2º (agosto-noviembre); y “finales” donde se toma toda la materia. A veces las materias son “promocionales” y en ese caso aprobando los parciales con ciertas notas como mínimo ya se aprueba toda la materia. En otros casos no, y la aprobación de los parciales es el requisito para acceder al final, que generalmente es una mesa con un tribunal examinador existiendo fechas alternativas para presentarse en diciembre, febrero-marzo o julio (para lo cual hay que anotarse con anticipación). Muchas materias poseen clases prácticas, que suelen ser dictadas en grupos más pequeños (comisiones) con profesores generalmente más jóvenes, a veces incluso estudiantes avanzados. Esta parte de la materia también se evalúa y su aprobación es otro requisito para llegar al final. Existen materias cuatrimestrales y anuales con diversa carga horaria, pero en cualquier caso es indispensable saber con claridad de que tipo de asignatura se trata y cómo es el mecanismo para aprobarla. Estos criterios son dados por los profesores durante el dictado de las clases, de allí la importancia de asistir a las mismas. En el caso de “finales” orales es también muy conveniente observar otros exámenes antes de presentarse uno mismo a rendir, ya que esto permite ver el tipo de planteos que hacen los docentes, los temas que se priorizan y el estilo general del exámen. No está de más saber bien cómo se registra administrativamente la aprobación: a veces el alumno tiene una libreta donde se pone la nota de cada materia con las firmas correspondientes. Es importante verificar que haya sido completada correctamente. En caso de no aprobar es indispensable saber cuántas veces más se está habilitado para presentarse a rendir antes de “perder” la aprobación de la cursada.
5. Materias “lindas” y “feas”
Más allá de que la carrera elegida responda a tus deseos, es bastante probable que te encuentres con materias que no te interesen lo suficiente o incluso te resulten desagradables y pesadas de cursar. Esto no significa haber errado la elección, a no ser que se acentúe de manera significativa y se extienda a la mayoría de las materias. Es común también que las materias de 1º año resulten especialmente difíciles o intensas. Sin duda esto está ligado al cambio que implica ingresar en la universidad, la aproximación a contenidos más complejos y la apropiación de vocabulario específico, lo cual requiere un esfuerzo adicional constante.
6. No quedarse solo y abrirse al grupo
Puede resultarte muy provechoso hacer buenos compañeros de estudio en la facultad. Compartir apuntes, intercambiar opiniones y materiales aliviana mucho la tarea. Es muy útil estudiar de manera individual y juntarse luego a repasar en grupo para aclarar dudas y reforzar lo ya aprendido. También en muchas oportunidades los profesores piden trabajos en equipo, por lo que es conveniente saber previamente con quien te conviene trabajar y sentirte a gusto.

7. Recursos que ofrece la universidad
Es fundamental conocer los servicios que te ofrece la universidad para abordar mejor tus estudios: biblioteca, laboratorio de computación, centro de orientación al estudiante (tutorías), etc. También la oferta de actividades deportivas, culturales, religiosas y sociales enriquecen tu formación y tu pertenencia a la institución que hayas elegido.
8. Desaprobar un parcial no siempre es indicador de “error” en la elección
Mucho/as chico/as creen que si en los primeros parciales les va mal esto evidencia que esa carrera “no es para ellos”. En general esto es vivido como un fracaso pero suele dar cuenta de algún error en el modo de encarar el estudio y tal vez no haber logrado aún adaptarse al estilo universitario. A no desesperar! Tené en cuenta estos consejos, acercáte a otros estudiantes que se encuentren más avanzados.Desde el Servicio de Orientación a Estudiantes de la Universidad de Belgrano (UB), las licenciadas Paula Dubcovsky, Graciela Seoane López, Paula Pasman y Cecilia Daireaux reflexionan sobre la vocación, definiéndola como una construcción que implica esfuerzo y no tanto como un llamado inspirador que pareciera facilitar el camino. "Construir la vocación implica poder pensarse, reflexionar acerca de los intereses propios, personalidad, capacidades y debilidades, etc., para poder responder a las preguntas de qué estudiar y para qué estudiar", afirman.
El proyecto vocacional
"El proyecto vocacional involucra tanto al estudiantes como a sus padres. Unos y otros viven con incertidumbre el pasaje del secundario a la universidad. Con frecuencia, los adolescentes no pueden responderse la pregunta: ¿Para qué quiero estudiar una carrera?
Por esto es importante que puedan reconocer si quieren estudiar una carrera universitaria para adquirir conocimientos y herramientas para insertarse en el mundo laboral, para lograr reconocimiento social, para un crecimiento interior, etc. El hecho de iniciar estudios superiores impulsado por una motivación personal lo suficientemente fuerte permitirá sostener el esfuerzo necesario hasta el final de la carrera.
Por otro lado, el nivel de estudios de los padres, sus expectativas y temores hacia cada hijo en particular y el contexto socioeconómico influyen ampliamente en el proyecto vocacional y en los pasos a seguir una vez terminado el colegio. Esta influencia ineludible puede tornarse un arma de doble filo por un lado motiva y vehiculiza expectativas propias y ajenas, pero por otro también puede obstaculizar el desarrollo posterior.
Las presiones para elegir carreras prestigiosas y profesiones con amplia salida laboral, que abran las puertas a trabajos bien remunerados, pueden llevar muchas veces a que los jóvenes egresados del secundario realicen una mala elección. Los adolescentes deben enfrentarse y tener en cuenta prejuicios, mitos e imaginarios (sociales, familiares y personales), que los llenan de dudas y confusión, en lugar de enriquecer su proceso de búsqueda. 
El proyecto vocacional se construye a lo largo de toda la vida, no es necesariamente una "voz interior" que se produce espontáneamente durante el último año del secundario. Construir la vocación implica poder pensarse, reflexionar acerca de los intereses propios, personalidad, capacidades y debilidades, etc., para poder responder a las preguntas de qué estudiar y para qué estudiar.
Para elegir adecuadamente es primordial realizar una exhaustiva búsqueda de información. No se puede elegir una actividad profesional acerca de la cual no se haya tenido ningún acercamiento previo, ya sea real o fantaseado. Como en cualquier otra elección, no se puede elegir aquello que se desconoce.
Llegado este momento también tiene influencia el desempeño que ha tenido el estudiante en el colegio secundario. Muchas veces, cuando su rendimiento no ha sido bueno, teme no tener la capacidad necesaria para enfrentar un estudio como el universitario, con mayores exigencias. En otros casos, espera adquirir mágicamente hábitos de estudio sin considerar que no los ha ido sistematizando a lo largo de su experiencia secundaria.
Incluso durante el transcurso del primer año de carrera es frecuente que un buen número de estudiantes dude acerca de su elección. Estas dudas pueden deberse a diversos factores: dificultades para definir sus intereses, poca reflexión acerca de sus capacidades, falta de información sobre la oferta educativa, haber basado su elección en ideas estereotipadas y/o parciales de la profesión elegida.
Las inquietudes sobre la elección de carrera pueden surgir en distintos momentos, pero es frecuente que aparezcan cuando el desempeño académico en los primeros exámenes no coincide con las expectativas por las que se la eligió. Las primeras notas bajas llevan al estudiante, muchas veces, a dudar de su elección, porque ha partido del supuesto (por cierto, erróneo) de que si la carrera le gusta, estudiarla va a resultarle fácil y va a requerirle sólo un esfuerzo moderado de su parte.
Con este mismo razonamiento infieren apresuradamente que, si no les va bien desde los primeros exámenes, significa que eligieron mal la carrera o que no tienen capacidad para ella, o que no sirven para esa profesión. Pero aplazo no es igual a elección equivocada. Estudiar una carrera universitaria implica estar dispuesto a un esfuerzo mayor y a generar buenos hábitos de estudio, si no se los tuviera.
Considerando las características de los adolescentes y la etapa de transición que atraviesan, es importante que tanto los padres como los docentes y orientadores los acompañen en el camino de generar su propio proyecto de vida."